
La copa de cristal murano rompió el último espejo de la casa, fue lanzada con tal arrebato que un trozo de este se alojó en mi garganta.
Las cuerdas vocales se me hicieron añicos dejando un surco en el alma cuyos relieves jamás volverán a cantar tu nombre.
Los eslabones aquellos que nacieron producto de un conjuro se han disuelto en el tiempo.
La hechicera ha muerto señores, la Biblia negra yace sepultada bajo los pies del Cristo de mayo.
Las luciérnagas capturadas bajo la luna de San Juan huyeron a otros pueblos, lejos de la ira y del dolor que me ha dejado el verbo.
Me siento humana, lágrima ficticia de una diosa pagana, me emborracho de versos que escondí en las botellas del olvido y dejo caer este cuerpo fino sobre la alfombra que tejió un Argel caído.
Mis códigos son míos, no escribo para el lector, sólo para este…mi bendito corazón.
magaoliveira©
Alter ego...
ResponderEliminarel otro costado...
siniestro?
La hechicera no ha muerto,
afirman.
Se repone del dolor
del verbo.
Este poema
es
constancia
de ello.
Mil besos,Maga!
En su derecho está de palabrearse sola, como Whitman...
ResponderEliminarMaga bella..
ResponderEliminarLlego por primera vez a tu espacio de sentimiento y profunda esencia.
Es enorme la creativa manera de decir como eres y transmitirlo con la magia de una maravillosa poeta.
Un abrazo linda.
-Sophie