
Herido en el campo de batalla
el caballero mira la copa de los árboles,
lo rojo de su sangre humedece la tierra
tornando sepia el corazón enemigo.
La lucha ha terminado,
Se murmura un Padre Nuestro;
Desde ese momento empieza la calma de su alma.
El manto del sueño lo domina
mientras la paz le apaña;
ya no hay guerra que valga,
sin ejército, sólo él y su fe se acompañan.
Herido en el campo
el caballero se rinde
ante su propia batalla.
De mi libro: Cuadernillo de Recuerdos.





